To pee or not to pee

García Márquez le dedicó una obra a la diarrea y Ernst Lubitsch una a las aguas menores porque para ser un genio hay que ser escatológico.

A todo esto, to pee or not to pee va de un señor que se parece a Hitler y va por los bares bebiendo de gratis y diciendo cosas como ¡Wunderbar!.

Al ir por muchos bares, acumula micción de un modo poco ortodoxo y todavía se le pone más cara de Hitler, llegando el bigote a ser de mosquito en algún momento. Entretanto hay unos señores que quieren matar al Hitler de verdad, el que triunfó con la voluntad de Leni Riefensthal

porque son unos adelantados a su tiempo y quieren utilizar al señor ese para sus objetivos, que son de poca profundidad de campo y playa. El Hitler que bebe del cuento pero que no es el Hitler que extermina a otras etnias, les explica a los señores adelantados sus problemas con el pito, señalando la entrepierna con movimientos muy obscenos. Ellos lo entienden mal porque son adelantados a su tiempo pero retrasados en sus entendederas y le ponen a una mujer guapa muy muy cerca.

El señor no identifica a la señorita como un contenedor sanitario porque no se parece a un retrete ni por casualidad, y así todo se complica porque él se parece a Hitler pero quiere tocarla y le viene en taxi una erección, y a tal guisa no podrá mear ni a la de tres. Una diatriba dura, pero al final todo acaba más o menos y encuentra una bacinilla en la que Hitler hizo aguas mayores ante los aplausos de Eva Braun, que tenía obsesión por ser pequeño electrodoméstico.

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Una obra maestra porque es escatológica y que además refleja muy bien las diatribas de los imitadores de famosos en acción cuando quieren hacer pipí.

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